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¿Qué es el “pie de atleta”?

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pie de atleta

Lo que conocemos como pie de atleta es una forma de tiña, denominada como “tinea pedis”, causada por hongos que normalmente aparece entre los dedos de los pies, aunque también se puede ver afectada la planta o el talón. Es un problema frecuente y aunque rara vez sus síntomas son graves, suele ser bastante molesto. Normalmente se manifiesta en forma de comezón, picor, descamación y mal olor. Es importante que se siga un tratamiento específico para evitar que empeore con infecciones cutáneas de mayor importancia o se propague a otras zonas del cuerpo.

Estudios clínicos realizados recientemente demuestran que se trata de una patología que va aumentando en el número de casos de forma notoria. Esto es debido al uso de zapatos cerrados y al aumento de personas que practican algún deporte, aunque también influye algunas patologías vasculares, metabólicas o del sistema inmune de los sujetos.

Tiene cura, pero su tratamiento puede durar semanas. Normalmente se basa en la aplicación de pomadas antimicóticas que se pueden adquirir en las farmacias sin receta médica. No dudes en consultar con tu farmacéutico.

 

¿Cómo saber si se tiene pie de atleta?

Los signos más evidentes se basan en la aparición de una erupción que suele provocar agrietamiento de la piel, descamación (suele apreciarse restos en los calcetines), picor, dolor o quemazón. En algunos casos pueden aparecer ampollas o úlceras que pueden supurar. El área afectada suele tener un olor característico y, en ocasiones, quedar blanquecina.

Hay que tener mucho cuidado con esta enfermedad porque es muy contagiosa y se puede propagar fácilmente a través de toallas, suelos húmedos o la ropa. De ahí que siempre sea imprescindible la utilización de zapatillas en vestuarios de gimnasios, piscinas públicas o balnearios. Suele ser más común en climas cálidos y húmedos, pues es el mejor escenario para su propagación.

Por todo ello, es fundamental que seamos muy rigurosos con la limpieza y tratemos de que no se propague el problema a otras partes del cuerpo como las manos, uñas o las ingles. Además, debemos evitar el contagio de otras personas. Especial cuidado de que no se contagie por andar descalzos por el suelo o alfombras de casa o al compartir toallas, ropa, zapatos o ducha.

 

 

Recomendaciones para eliminar el pie de atleta

Al ser una patología que se propaga rápido a otras partes del cuerpo, es fundamental que acudas a tu médico o farmacéutico lo antes posible para comenzar con su tratamiento. Lo más eficaz es la aplicación de una pomada antimicótica.

Normalmente unos 10 días tratamiento suelen bastar para acabar con la infección por hongos, aunque hay casos que se complican y el tratamiento puede durar varias semanas. En casos graves se puede combinar con fármacos orales. En caso de complicación o duda, es aconsejable acudir a un dermatólogo, especialmente si empeora o no notas una mejoría tras una semana de aplicación de la pomada.

Hay una amplia gama de pomadas disponibles en las farmacias y no requieren de receta. La pomada debe aplicarse en la piel seca un par de veces al día.

 

Consejos para prevenir el pie de atleta

Es muy importante mantener cuidados como:

  • Utilizar zapatillas en gimnasios, balnearios, parques acuáticos, piscinas comunitarias, etc…

 

  • Cuando practiquemos un deporte es importante que al acabar dejemos los zapatos al aire libre, especialmente en un lugar seco o al sol. Evitemos dejar calcetines usados en su interior.

 

  • También se puede aplicar polvo antifúngico en el interior de los zapatos, especialmente cuando practicamos deportes como running o marcha.

 

  • Tras la ducha es importante que nos sequemos bien entre los dedos con una toalla o utilicemos un secador de mano.

 

  • Es fundamental cambiarse los calcetines si se notan húmedos.

 

  • No compartir zapatillas o zapatos con otras personas.

 

  • Utilizar zapatos con ventilación o calcetines que favorezcan la transpiración.

 

  • Puede ayudar la aplicación de polvo antifúngico en los pies, especialmente entre los dedos. Especialmente recomendable si se participa en carreras o se practica senderismo o travesías. Debemos cuidar que nuestros pies estén secos lo máximo posible.

 

  • En verano siempre es aconsejable el uso de sandalias o calzado abierto y ligero.

 

  • Mantener cortas las uñas de los pies, pues cuando son largas, son también más propensas a sufrir de hongos.

 

¿Qué es el “pie de trinchera”?

No debemos confundir el pie de atleta con el de trinchera, pues son dos patologías diferentes. Como complemento a este artículo vamos a explicar de qué se trata.

El pie de trinchera es también conocido como pie de inmersión, siendo el nombre por el que se conoce una enfermedad que se describió por primera vez durante la Primera Guerra Mundial. En esta contienda gran parte de los soldados permanecieron durante amplios periodos de tiempo resguardados en trincheras, las cuales en muchas ocasiones se inundaban, especialmente con las lluvias. Por lo que, los soldados permanentemente tenían sus pies mojados debido al barro, la lluvia o la nieve. La acción de la humedad, frío y la falta de higiene en los pies es devastadora, pues terminaba ablandando la piel causando heridas e infecciones cutáneas que se podían complicar fácilmente si no se trata de manera inmediata.

El pie de trinchera se caracteriza por la aparición de un edema rojo y doloroso que suele ir acompañado de focos supurados y linfagitis. Los primeros síntomas aparecían a las doce horas de tener los pies inmersos en agua o barro. Estos solían presentarse en forma de entumecimiento, hormigueo y escozor. Es cuando el riego sanguíneo de las articulaciones comenzaba a fallar. Posteriormente los pies se hinchaban y se tornaban de color rojizo (eritrosis) o azulado (cianosis) acompañado de supuración, sangrado y olor desagradable.

Esta patología, si no se trataba inmediatamente, solía empeorar en forma de gangrena. No pocos soldados tuvieron que someterse a la amputación de sus miembros o perdieron la vida a causa de complicaciones derivados del pie de trinchera.

El tratamiento en su fase temprana consistía simplemente en lavar los pies con agua tibia, secarlos cuidadosamente y mantenerlos elevados mientras el paciente se va recuperando poco a poco. El médico entonces tenía que valorar si se administraban también antibióticos o analgésicos. Era importante que los pies no se taparan con calcetines, frotaran o se trataran de secar rápidamente acercándolos a una fuente de calor, por ejemplo, una hoguera o estufa. Además, no se recomendaba que se estallaran las ampollas. El tratamiento requería descanso y paciencia.

En posteriores guerras como la Segunda Guerra Mundial o la del Vietnam, los ejércitos implementaron campañas de comunicación internas con el fin de concienciar a los soldados sobre lo vital que era mantener sus pies y calzado secos.

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